15 de mayo de 2012

Redención.

redimir.
(Del lat. redimĕre).
1. tr. Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio. U. t. c. prnl.
2. tr. Comprar de nuevo algo que se había vendido, poseído o tenido por alguna razón o título.
3. tr. Dicho de quien cancela su derecho o de quien consigue la liberación: Dejar libre algo hipotecado, empeñado o sujeto a otro gravamen.
4. tr. Librar de una obligación o extinguirla. U. t. c. prnl.
5. tr. Poner término a algún vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia. U. t. c. prnl.

Salí de clases con una compañera. Le acompañé a tomar el bondi y no se callaba entonces yo también me puse a hablar. Cuando se fué, en vez de volver a la biblioteca a estudiar, decidí irme a la costa. Caminé las 5 o 6 cuadras hasta el río. Hacía frío, eran las 9 y media de la mañana. Gente trotando, gente tomando mate con bizcochos, gente despreocupada. Y yo, con mi campera larga negra, mi mochila y mi música, me quedé mirando la inmensidad. Bueno, no es el mar, es el río Paraná, pero es lo mas cercano a un rejunte de agua que te inspira a pensar cosas poéticas y tener momentos bohemios.

Prendí un pucho y me puse a pensar en lo vivido hasta acá. Ver parejas con sus hijos me hizo pensar que yo no estoy así. Debería, pero no. Por un momento me quedé shockeada y sin poder moverme ante la idea de que la mia no es una familia feliz, es una familia resquebrajada, con la madre por un lado, el padre por otro y El Crio, creciendo sano pero sin la noción de "familia feliz" con la que yo crecí. Luego de meditarlo un poco, entendí que seguía siendo la mejor decisión que pude haber tomado, bajo las circunstancias actuales. Por mucho que haya amado a mi ex, no es ni por asomo la persona con la que puedo contar en este momento para armar una familia. Y está bien. No se puede obligar a nadie a ser lo que no es. Reconozco que hubo muchos errores, de parte de ambos lados. Aún así, ahora estamos mejor.

Seguí caminando, en un mar de pescadores y personas solitarias. En este tramo y al son de la música, pensé en la vida que llevo. Estudio, la familia, las salidas, los chongos, los amigos, las amigas. Los descubrimientos y los cambios. Uno de ellos es que, aunque me haya jurado y re jurado que jamás pasaría, comencé a tener amigas mujeres. Más de una. Capaz porque me dí cuenta que al contrario del prejuicio que dominó mi vida entera, las minas (que te conocen a fondo al menos) no te juzgan tanto como los hombres. Me pasa de poder hablar libremente con mis amigas y sin tapujos, mientras que con los amigos hombres, no tanto.

Pasé por el zoológico y llegué hasta la Vírgen que está emplazada en la Costa. Me acerqué, admiré la claridad del agua bendita y sentí un impulso animal de zambullirme de cabeza en ella. Sin embargo solo hundí mis dedos inocentemente en la fuente y los pasé por mi frente. Caminé unos poquitos pasos más y llegué a la Vírgen. Le ofrecí una oración y esperé por algo que no llegó. Así que me quedé a descansar un rato en un asiento. De la nada, comenzaron a llegar muchas personas que me imitaron. Se pasaban el agua bendita por la frente persignándose y luego le ofrecían una oración. Observando en silencio, llegué a la conclusión de que, por más que no nos guste, uno a veces necesita creer en algo, aferrarse a ello y no soltarlo. Pero no porque los demás lo hagan, sino por que a uno mismo se le cantó y le nació. Eso es la verdadera fé.

Huí de allí, me crucé para el anfiteatro donde a un costado hay un carrusel. Subí al anfiteatro, y ví a un jóven, leyendo un libro. Le observé y le rodeé con mis ojos. Después seguí mas allá con la vista y ví un adorable grupo de ancianos tomando sol. Casi les pido un mate, pero decidí escapar una vez mas.

Y así llegué, finalmente al parque, lo crucé y llegué a la parada para finalmente tomar mi bondi. La gente, los paisajes, todo pasó a formar parte de mi pasado inmediato. Los olores, los sabores, el río. Entendí que, después de casi 7 meses de buscarme a mi misma, no necesito hacerlo mas. Yo soy yo, con todos mis rayes, mis defectos y mis ingenuidades. Necesitaba transitar ese trayecto para ver las cosas cotidianas desde otra perspectiva. Estuve tanto tiempo intentando alejarme de mi vieja yo, que no me dí cuenta que mi escencia nunca se va a esfumar. Sí se van a agregando características y todo puede vivir en armonía dentro de mi personalidad. Y también entendí que, al final, siempre vamos a ser mi alma y yo, deambulando por el mundo. Pasará mucha gente, MUCHA gente. Pero siempre quedará ella. Para hacerme compañía. 

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